Por Pascale Lapierre, Nutricionista

Lechuga buena. Galletas malas.
Fruta permitida. Pan peligroso.
Un día de comer “bien”. Un día “descontrolado”.

¿Cuántas veces te has visto a ti misma pensando así?
Clasificar los alimentos parece normal, pero es uno de los principales factores que afecta tu relación con la comida y con tu cuerpo. Y lo peor es que muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta.

Vivir con culpa por lo que comemos: una carga silenciosa

Desde pequeñas, muchas de nosotras crecimos escuchando frases como:
“Eso no, te hace mal.”
“Come esto mejor, es más sano.”
“Eso engorda, mejor no.”

Y sin quererlo, esas frases se convirtieron en nuestra propia voz interna.

Años después, seguimos reproduciendo ese mismo discurso:
“Esto me hace bien, esto me hace mal.”
“Esto es sano, así que todo bien.”
“Hoy comí pésimo, mañana empiezo de nuevo.”

El resultado: vivimos con miedo, culpa y ansiedad alrededor de la comida.
Y la comida, que debería nutrirnos y darnos placer, se transforma en un campo de batalla diario. Donde sentimos que “nos portamos bien” y es como si hubiéramos ganado una medalla del día o “nos portamos pésimo” y es como si hubiéramos hecho lo peor del mundo. 

¿Cuándo empezó todo esto?

Quizás no recuerdas con exactitud el momento en que comenzaste a juzgar lo que comías.
Tal vez fue en casa, en el colegio, o en ese primer intento de dieta que hiciste creyendo que te ibas a sentir mejor con tu cuerpo.

Lo cierto es que nacemos sabiendo autorregularnos. Cuando éramos guaguas, comíamos cuando teníamos hambre y parábamos cuando estábamos satisfechas.
Pero en algún punto del camino, esa conexión con nuestro cuerpo se fue perdiendo…
Y fue reemplazada por reglas, juicios y restricciones.

Te comparto mi historia, también fue así

Te cuento un poco de mi, soy Pascale Lapierre, nutricionista y co-fundadora de Nutrimind, certificada en psiconutrición, coaching nutricional y próximamente en alimentación respetuosa y liberación corporal.
Pero antes de ser profesional, fui una niña que hizo su primera dieta a los 8 años (mis papás pensaron que era lo mejor para mi en ese momento, y no los juzgo por eso).
Una niña que aprendió que las galletas eran malas, que los cereales debían evitarse, y que bajar de peso era sinónimo de éxito.

Pasé años atrapada en el ciclo del todo o nada:

¿Por qué pensar en comida como “buena” o “mala” no funciona?

Porque nos desconecta de nuestras verdaderas necesidades corporales y emocionales.
Cuando prohibimos alimentos o los ponemos en un pedestal, les damos un poder inmenso.
¿Resultado? Atracones, ansiedad, culpa y la sensación de no tener control.

Muchas veces me dicen:
“Paski, si me permito comer lo que quiero… ¡me voy a descontrolar!”

Y la verdad es que el descontrol no viene de permitirte, sino de prohibirte.

Cuando todo está permitido, el deseo deja de ser obsesivo.
Cuando te das permiso real, la comida pierde ese halo de “prohibido tentador” y se vuelve simplemente… comida.

Neutralidad alimentaria: el camino hacia una relación sana con la comida

La neutralidad alimentaria significa mirar los alimentos sin etiquetas morales.
Ni buenos ni malos. Ni correctos ni incorrectos. Ni “premios” ni “pecados”.

Solo comida.

Esto no significa que no cuidamos nuestra salud, ni que da lo mismo lo que comemos.
Significa que entendemos que todas las comidas pueden tener un lugar en nuestra vida, y que lo importante es cómo nos relacionamos con ellas.

Cuando aplicamos neutralidad:

Y sí, esto se aprende. Porque naciste sabiendo, pero el sistema te lo quitó.
Lo bacán es que puedes volver a ti.

“¿Pero no voy a terminar comiendo solo galletas?” o “¿No me voy a volver loca comiendo papas fritas?”

Te entiendo. A mí también me dio miedo.
Pensaba que si me permitía comer lo que quería, iba a perder el control.
Spoiler: eso no pasó.

De hecho, cuando dejé de restringirme, comencé a disfrutar realmente la comida.
Ya no necesitaba comerme el paquete entero.
Ya no necesitaba justificarme para comer algo.
Ya no sentía culpa después de un antojo.

Hoy elijo lo que quiero comer, desde el placer y el autocuidado.
Y ese cambio fue tan transformador que decidí dedicar mi vida a acompañar a otras mujeres a lograr lo mismo.

¿Cómo se logra esto?

Con información, acompañamiento y trabajo personal.
No hay fórmulas mágicas ni promesas vacías.

Transforma Tu Forma

Por eso en Nutrimind creamos el programa Transforma tu Forma, un espacio grupal donde acompañamos a mujeres que quieren salir del ciclo de dietas y reconciliarse con su cuerpo y con la comida.

En este programa: 

 🔸 Aprendes a escuchar a tu cuerpo.
🔸 Rompes el ciclo de culpa y atracones.
🔸 Trabajas tus creencias sobre los alimentos.
🔸 Te liberas del control obsesivo.
🔸 Comienzas a comer con libertad, conciencia y placer.

¿Te gustaría dar el primer paso?

Si te sentiste identificada con lo que leíste, no estás sola.
Miles de mujeres están cansadas de pelear con su cuerpo y su alimentación.
Pero se puede ser el inicio de un camino distinto.

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