¿El estrés realmente nos engorda? Lo que dijimos en Red Experta
Hace poco estuvimos en el primer capítulo de Red Experta, un espacio donde las mujeres ejecutivas, emprendedoras y lideresas ocupan un lugar central en la conversación.
La pregunta era simple pero potente: ¿el estrés realmente nos engorda?
Y la respuesta, claramente, es mucho más compleja de lo que parece.
Mira la entrevista completa:
Red Experta – Capítulo 1: Pascale Lapierre y Constanza Hasche
El estrés, el cortisol y tu cuerpo: la ciencia detrás del ciclo
Cuando una mujer está estresada, su cuerpo no está simplemente “tenso”. Hay química de por medio.
El estrés dispara la producción de cortisol, la hormona del estrés. Y cuando los niveles de cortisol suben, una cadena de reacciones incómodas se desencadena:
- Aumenta la grelina (la hormona del hambre) → tienes más hambre
- Disminuye la leptina (la hormona de la saciedad) → te sientes menos satisfecha
- Se ralentiza el metabolismo → todo se procesa más lentamente
- Duermes peor → lo cual a su vez aumenta el estrés
Es un círculo vicioso perfecto. Y la mayoría de las mujeres lo viven sin entender que no es un problema de disciplina, es fisiología.
Pero aquí viene lo importante que queríamos compartir: esto es observable, medible, y es completamente reversible.
La prueba vivida
Lo que más nos gustó de esa conversación fue poder decir esto con la certeza de haberlo experimentado en carne propia.
En períodos donde el estrés baja, genuinamente y en general, las personas comen menos, duermen mejor, tienen menos ansiedad por comer. En períodos con mayor estrés, es lo opuesto: noches en vela, comer sintiendo descontrol por la noche, ese círculo vicioso donde todo se vuelve más difícil.
Y ahí está el punto que nadie quiere escuchar: no es culpa tuya. Es lo que tu cuerpo está pudiendo hacer para sobrevivir.
Lo que nadie te dice: desconexión corporal y piloto automático
Cuando estás estresada, no solo sube tu hambre. También te desconectas más de tu propio cuerpo.
Entras en “modo avión”. En piloto automático.
¿Qué significa eso en términos de comida? Que comes sin darte cuenta. Que abres el refrigerador sin saber por qué. Que terminas de cenar y no recuerdas haber comido realmente.
Y aquí viene el “porqué” de la cuestión:
Si estás comiendo en piloto automático, tu cuerpo no puede enviar las señales de “estoy satisfecha”. No puedes escucharlas porque no estás presente.
Ese es el verdadero problema. No la comida. No el acto de comer. La desconexión.
Tres tips que cambian el juego (y no es dieta)
Durante la entrevista, compartimos tres cosas simples que puedes empezar hoy:
1. Hacerte consciente de dónde viene el estrés
No se trata de eliminar el estrés (es imposible). Se trata de darte cuenta.
¿Viajas en el auto tensa aunque eso no va a hacer que llegues más rápido? ¿Tienes ansiedad que llevas sin necesidad? ¿Estás en modo “tengo que estar perfecta” todo el tiempo?
Solo el acto de notarlo cambia algo. Porque entonces puedes hacer algo al respecto.
2. Darte permisos para parar
Trabajamos online, y uno de los patrones que más vemos es este:
“Estoy en el computador y necesito pararme, pero la razón ‘para pararme’ no es suficiente, así que digo ‘me voy a hacer un café’. Me levanto, y ese café a veces significa comer algo más.”
El verdadero permiso que necesitabas era simplemente: parar.
No necesitas justificación. Tu cuerpo no está en una máquina. Necesita moverse, respirar, resetear.
Darte ese permiso es autocuidado. Es mental. Es también financiero (porque ahorras el café). Es todo junto.
3. Respirar (de verdad)
La respiración diafragmática es probablemente la herramienta más práctica que existe.
¿Cómo?
Inhala profundo inflando el estómago (no el pecho). Exhala lentamente. Eso activa el sistema parasimpático de tu cuerpo, que es lo opuesto al modo estrés.
Cuando respiras así, tu cuerpo se relaja naturalmente. Y cuando el cuerpo se relaja, la mente baja un cambio.
Mente y cuerpo son inseparables. Afectan uno al otro constantemente.
Para las mujeres que “casi no tienen tiempo para nada”
La realidad es esta: muchas mujeres ejecutivas, emprendedoras, mamás, trabajan, coordinan todo en la casa, duermen poco, comen lo que encuentran.
Y luego se juzgan por no estar “haciendo las cosas bien” con la comida.
Acá viene lo que realmente importa:
Quitarle el juicio es lo más importante
Cuando comes algo categorizado como “malo”, y encima te juzgas por ello, agregas estrés a la ecuación.
Juicio = estrés = más cortisol = más hambre = culpa = más estrés.
Es un bucle infinitoooo!
Pero si comes esa hamburguesa con papas, y simplemente dices “bueno, today fue así, y está bien”, algo cambia. Ya no hay culpa sumada. Tu cuerpo no está batallando contra ti.
Hacértelo fácil (realista, no perfecto)
La vida perfecta donde tienes lechuga picada, tomate, todo preparado, es hermosa. Si te alcanza el tiempo.
Pero si no te alcanza, no te castigues por ello.
Legumbres en caja. Hamburguesas congeladas de legumbres. Pollo a la plancha que calientas en 5 minutos.
Eso no es “hacer trampa”. Eso es conocerte a ti misma y ser realista con tu vida.
Y si comes afuera todos los días porque es tu realidad, bueno: sin juicio. Busca algo que te sirva, dentro de tu presupuesto, y come tranquila.
Comer con presencia (cuando puedas)
Mira, si estás comiendo mientras miras el teléfono, ves tele o trabajas, tu cuerpo no puede comunicarte que está satisfecho.
Pero entendemos que para muchas personas esto es un lujo.
Entonces aquí va el tip verdadero: sobre todo al principio de sanar la relación con la comida, intenta estar presente.
Sin distracciones. Notando qué comes, saboreándolo, escuchando a tu cuerpo.
Mientras más lo practiques, más fácil se vuelve. Como todo en la vida.
Body neutrality vs. estar flaca = estar sana (spoiler: no es lo mismo)
Uno de los temas que más nos interesó durante la entrevista fue este mito que seguimos escuchando:
“Si eres flaca, eres saludable. Si eres gorda, eres enferma.”
No. No es así.
Hay una correlación entre peso y ciertas enfermedades. Pero correlación no es causalidad.
Puedes ser gorda y tener todos tus exámenes bien. Puedes ser flaca y tener colesterol alto, diabetes, ser sedentaria.
Hay un montón de factores: genética, actividad física, calidad de sueño, salud emocional, nutrición real.
Entonces, ¿body positive o body neutral?
Nosotras nos inclinamos más por body neutrality.
Body positive es más activismo, más “ama tu cuerpo así”. Está bien, pero a veces sigue siendo performática.
Body neutrality es diferente. Es: tu cuerpo no es sinónimo de nada. No define tu valor, tu personalidad, tu éxito, tu merecimiento.
Tu cuerpo simplemente es. Te sostiene. Te lleva a donde querés ir. Te permite vivir tu vida.
Punto.
Eso especialmente para las mujeres que escuchamos, porque culturalmente nos afecta mucho más. Nos enseñan que nuestro valor está conectado a cómo nos vemos.
Nosotras creemos que hay que neutralizar esa conversación. Sacar el cuerpo de la ecuación de “quién soy yo”.
La pregunta final
Al final de la entrevista, nos pidieron que eligiéramos una única cosa que cambiaríamos en la relación de las mujeres con la alimentación.
Y acá va:
Que todas las mujeres aprendan a tratarse a sí mismas como tratan a las personas que aman.
Con los mismos filtros. Con las mismas recomendaciones de cuidado. Con la misma compasión.
Porque somos durísimas con nosotras mismas. Y la pregunta que lo resume todo es:
“¿Le dirías a alguien que amas lo que tú te dices al espejo?”
La respuesta, casi siempre, es no.
Entonces, ¿por qué te lo dices a ti misma?
Si esto te resuena
La mayoría de estas conversaciones nacen en Nutrimind todos los días. Con cada mujer que acompañamos.
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Paski & Coty
Nutrimind: sanar tu relación con la comida es sanar tu relación contigo misma.