Esta semana es 18 de septiembre.
Ya sabes lo que eso significa: una parte de ti está pensando en el picoteo, las empanadas, el asado. Y otra parte está calculando mentalmente cómo “compensar”, por adelantado quizás, o después.
Tal vez estés pensando en restringir estos días para poder “darte el lujo” el fin de semana. O ya estés planificando mentalmente cómo será el lunes siguiente para “sacarte el exceso”. O ya estés escuchando esa voz que te dice: “Ten cuidado con lo que comes estos días”.
A eso le pusimos el “ciclo del 18”.
Y no es culpa tuya. Es lo que hemos aprendido. Es la forma en que normalizamos la comida en los momentos de celebración: como algo que necesita ser administrado, controlado, compensado.
Pero queremos invitarte a algo diferente este año.
El verdadero placer: un 18 sin culpa previa ni deuda posterior
Aquí va lo que no estamos diciendo: no te vamos a dar tips para “no pasarte”. No vamos a advertirte sobre calorías. No vamos a crear una estrategia para que controles los alimentos del 18.
Porque eso es exactamente lo contrario de lo que mereces.
Lo que queremos decirte es más simple y, al mismo tiempo, mucho más revolucionario:
Come si tienes hambre. Repite si quedaste con ganas. No repitas si ya estás satisfecha. Deja la mitad si fue suficiente a la mitad del plato. Todos esos casos, están bien.
Eso es todo.
No es una estrategia de dieta disfrazada de libertad. Es literalmente: permiso para escuchar tu cuerpo y hacer lo que tu cuerpo te pide.
Por qué el 18 se convirtió en una batalla contra la comida
Hay algo que pasó en las mujeres chilenas con las Fiestas Patrias.
Crecimos en un contexto donde la comida de septiembre es “especial”, “diferente”, “peligrosa” si no la controlas. Las empanadas son fritas. El mote con huesillo tiene azúcar. El choripán tiene grasas. El vino tiene calorías. Y tú, de alguna forma, tienes la responsabilidad de estar “bien” a pesar de todo esto.
Es como si Septiembre fuera un mes donde las reglas del resto del año se vuelven más estrictas, no menos.
Así que muchas mujeres llegan al 18 con ansiedad. Porque saben que tendrán que “lidiar con” la comida. Y porque ya están pensando en compensar por adelantado o “pagar” después.
Y eso convierte la celebración en una pelea con una misma.
Cuando debería ser todo lo contrario.
Lo que realmente importa del 18: presencia
Hay un momento específico en muchas casas chilenas durante Septiembre.
Es esa cocina llena, desordenada, donde todos opinan del asado. Donde tu mamá está haciendo empanadas mientras tres personas le aconsejan. Donde alguien pone música y otra persona empieza a bailar una cueca, aunque le dé vergüenza.
Es caótico. Es hermoso. Es ruidoso.
Y si media cabeza está haciendo cálculos sobre lo que vas a comer después, te lo pierdes.
Eso es lo que nos preocupa. No la comida en sí. La desconexión.
Porque cuando una mujer está comiendo, pero también está contando, calculando, juzgando lo que está pasando en su boca, no está comiendo. No está presente.
Está en guerra.
Y en Septiembre, el verdadero lujo no es comer menos. Es comer completamente, sin que media cabeza esté en otro lado.
El permiso que nadie te dio
Acá viene lo que queremos que leas a consciencia:
Está bien comerte la empanada sin ir contando.
No necesitas justificarlo. No necesitas “haber corrido bastante hoy”. No necesitas que sea “ocasional”. Simplemente: te la comiste, y está bien.
Está bien repetir el plato si quedaste con ganas.
Tu cuerpo sabe algo que nada ni nadie más sabe: si tiene hambre o no. Si tú le crees a tu hambre, si le das lo que pide, tu cuerpo se relaja. No hay ansiedad. No hay “me cuide”.
Está bien no repetir si ya estás satisfecha.
Y eso también está bien. No es “tengo autocontrol”. Es que tu cuerpo te habló y tú lo escuchaste. Eso es todo lo que necesita pasar.
Está bien que la comida sea deliciosa y que la disfrutes.
Sin que eso signifique que eres desordenada, que no te cuidas, que eres débil. Simplemente: era rica. La comiste. Punto.
Todo eso que estoy diciendo se resume en una frase que escuchamos muy poco:
Permiso para que tu cuerpo sea tu aliado, no tu enemigo.
Cuando dejas de pelear, se hace espacio
Aquí viene lo que realmente cambia.
Cuando no estás en guerra con el plato, se hace espacio para estar realmente en la mesa. Para escuchar la conversación. Para notar que tu tía cuenta esa historia por décima vez pero igual te hace reír. Para estar presente 100%.
Para bailar una cueca aunque te dé vergüenza.
Porque si estás preocupada por la comida o por cómo se ve tu cuerpo, no puedes bailar. Tu energía está dividida.
Pero si le diste permiso a tu cuerpo, si comiste lo que necesitabas, si te escuchaste a ti misma: entonces sí.
Entonces bailas.
Entonces ríes fuerte.
Entonces abrazas.
Entonces estás presente de verdad.
Sobre el lunes
Aquí viene lo más importante de todo.
El lunes seguirás siendo exactamente la misma persona que eres el viernes, sábado y domingo. Con las mismas células. Con el mismo cuerpo. Con la misma historia.
Si el 18 comiste con presencia y sin culpa, el lunes no vas a “tener que pagar”. No vas a “compensar”. No vas a entrar en un ciclo de restricción.
Porque no rompiste nada. No hiciste nada malo.
Comiste cuando tenías hambre. Te detuviste cuando estabas satisfecha. Disfrutaste de estar con tu gente.
Eso es cuidarte. No es lo opuesto.
La culpa, el juicio, la compensación: eso es lo que realmente cuesta. Eso es lo que te mantiene en un ciclo.
Así que cuando alguien te diga el lunes “bueno, ahora hay que ponerse las pilas”, o “ahora hay que ponerse a dieta”, o “ahora hay que castigarse”:
No. No hay que hacer nada de eso.
El lunes comes cuando tienes hambre y te detienes cuando estás satisfecha. Como siempre. Como debería ser.
El 18 que te deseamos
No es un 18 donde controles la comida.
Es un 18 donde dejas de controlar y empiezas a vivir.
Es esa cocina llena donde todos opinan de la cocina.
Es el mote con huesillo sin que importe la hora.
Es el choripán que comiste temprano.
Ese pebre que, según tu, es mejor que el que hace otra persona.
Es bailar aunque te dé vergüenza.
Es reírte de verdad.
Es abrazar sin pensar en nada más.
Es estar presente en la mesa, sin que media cabeza esté haciendo cálculos para el lunes.
Es tu cuerpo siendo tu aliado para disfrutar. No un proyecto que administrar.

Come rico. Baila. Ríete. Abraza.
Y el lunes seguimos siendo las mismas, sin culpas que arrastrar, sin deudas que compensar.
Felices Fiestas Patrias, de corazón. 🇨🇱❤️
Si necesitas más que permiso
Si este 18 te cuesta, si ya estás haciendo cálculos mentales, si sientes que no puedes dejarlo ir aunque lo intentes:
No estás sola. Y no es debilidad. Es que probablemente llevas años llevando esa carga.
Nosotras acompañamos mujeres todo el año en esto. Pero especialmente en momentos como estos, cuando la sociedad te pide que controles y tu cuerpo te pide que disfrutes.
Si quieres explorar una forma diferente de relacionarte con la comida, una que te permita estas fiestas sin culpa y después sin compensación:
Reservá tu sesión de diagnóstico → y hablemos de cómo será tu 18. Y tu 19. Y todos los días después.
Paski & Coty
Nutrimind: donde la comida deja de ser una batalla y la vida se vuelve un poco mas fácil.